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La gran apuesta comercial de China: La “Ruta de la Seda” y Panamá | Rebelión, Oscar René Vargas 02-12-2017





Actualmente China posee el producto interno bruto (PIB) más alto a nivel mundial, en términos de paridad de compra en el ranking del World Factbook de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Se proyecta que, en términos de PIB nominal, China desbancará alrededor del 2020 tanto a la Unión Europea como a Estados Unidos, respectivamente, del primer y segundo sitiales. China ostenta hoy las mayores reservas de divisas, con US$ 3.1 millones de millones de dólares, frente a US$ 774 mil 900 millones de la Unión Europea (cuatro veces menos) y US$ 117 mil 300 millones de Estados Unidos (26 veces menos).

El presidente chino, Xi Jinping, está empeñado en recuperar la Ruta de la Seda como corredor económico entre Oriente y Occidente y la ha convertido en su gran apuesta estratégica. China cuenta con la red ferroviaria más extensa del mundo, 112 000 kilómetros, de los que más de 20 000 kilómetros son de alta velocidad. De aquí a 2025 todavía prevé 15 000 kilómetros más de alta velocidad.

La Ruta de la Seda, es una red gigantesca de rutas marítimas y terrestres creada con el nombre de “Un cinturón, una carretera”. La iniciativa implica inversiones, financiaciones, acuerdos comerciales y decenas de Zonas Económicas Especiales (ZEE) por valor de US$ 900 000 millones de dólares. En total China quiere invertir no menos de US$ 4 000 000 millones de dólares en 64 países.

Su proyecto es el símbolo de la nueva “diplomacia de seducción” desplegada por Pekín para ganarse a sus vecinos y asentar el país como uno de los grandes actores globales, si no el principal. Al igual que Estados Unidos consolidó su influencia económica sobre Europa con el denominado Plan Marshall, creado para favorecer la reconstrucción de los países destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, Pekín pretende levantar una amplia red de transportes de personas y mercancías, de conducciones de gas y petróleo, y de cableado tecnológico para exportar su pujanza económica por los confines de Asia. Europa, África y América Latina.

China crece rápidamente como el imperio comercial más extenso del mundo. Baste la comparación con el Plan Marshall de US$ 800 mil millones de dólares (a valor presente) de Estados Unidos, frente a las inversiones de China, que ya invirtió US$ 300 mil millones de dólares y planea invertir un millón de millones dólares más en la próxima década, cuando China sola ha concedido más créditos a los países en vías de desarrollo que el Banco Mundial.

El proyecto denominado “Un cinturón, una ruta”, tiene un componente terrestre, otro marítimo y otro oceánico. Las ZEE son guarniciones comerciales en las cadenas de aprovisionamiento internacionales gracias a las cuales China puede proteger su comercio sin cargar con la sumisión colonial. Dentro de ese concepto hay que analizar el tratado entre Panamá y China.

En su estrategia de crecimiento de China, Europa juega un papel fundamental tanto como mercado para los productos chinos como para la adquisición de alta tecnología y la cooperación en temas prioritarios como el medioambiente. De ahí, que la nueva Ruta de la Seda terrestre se componga de dos brazos principales con multitud de terminales y vías adyacentes.

El primero, basado en el camino de las antiguas caravanas de camellos y aún sin un trazado definitivo, es el más conflictivo porque atraviesa zonas de marcada inestabilidad en Asia Central y Oriente Próximo. Frenan esta ruta terrestre las guerras en Afganistán y Siria; la pobreza, la desconfianza y la ausencia casi total de infraestructuras en algunos de esos países, como Kirguizistán y Tayikistán.

China logró en diciembre 2015 unir por alta velocidad Pekín con la capital de su provincia más occidental Urumqui (Xinjiang). El proyecto ferroviario que China acaricia uniría Urumqi (China) con Sofía (Bulgaria), a través de Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán y Turquía. La táctica para que esos países permitan el tendido de las vías y la construcción de carreteras y tuberías es el desembolso de miles de millones de dólares en cada uno de ellos para la financiación de diversos proyectos.

El segundo brazo, a través de Rusia y Kazajstán, ya está operativo aunque precisa una modernización. En la actualidad, hay trenes regulares de pasajeros y mercancías entre Pekín y Moscú que tardan seis días y medio en completar el recorrido, pero China ya ha puesto sobre la mesa US$ 6 000 millones de dólares para la construcción del ferrocarril de alta velocidad Moscú-Kazán, una obra de US$ 24 000 millones de dólares que posteriormente unirá la capital rusa con China a través de Kazajstán, lo que permitirá reducir a solamente a 33 horas la duración del viaje Moscú-Pekín.

La iniciativa “Un cinturón, una ruta”, incorpora, también, la dimensión marítima. Al igual que la Ruta de la Seda terrestre, la marítima tiene también varios brazos principales con multitud de ramales adyacentes. Parten de la provincia suroriental de Fujian, surcan el mar del Sur de China, se adentran en el Índico y al llegar al Cuerno de África, uno de ellos se dirige hacia el norte a través del mar Rojo y el Mediterráneo hasta alcanzar Venecia (Italia), y el otro boga hacia Dar es Salaam (Tanzania) y la costa suroriental de África. El tercer brazo es hacia América Latina.

Con el convenio de Estado a Estado entre Panamá y China, firmado el 17 de noviembre de 2017, Panamá se adhiere a la iniciativa china de la Ruta de la Seda y la iniciativa marítima de la Ruta de la Seda del siglo XXI (Acuerdo 14 del convenio) y se transforma en el tercer brazo marítimo de la iniciativa “Un cinturón, una ruta”.

A mi criterio, al recibir Panamá el estatus de “Nación Más Favorecida” de parte de China, anula la posibilidad de la construcción de canal interoceánico por Nicaragua, ya que se establece la posibilidad, que en el futuro, se financie grandes proyectos de infraestructura: ¿la cuarta esclusa del canal de Panamá?. El Tratado Ortega-Wang se parece al Tratado Chamorro-Bryan en que sirve solamente para tener la patente de construir un canal para que nadie más lo pueda hacer.

La Ruta de la Seda marítima puede dar un empujón definitivo al desarrollo de África. Desde principios de esta década, China es el principal socio comercial del continente negro, China quiere duplicar el volumen de negocio para 2020. En el año 2015 las inversiones del gigante asiático en África se acercaron a los US$ 25 000 millones de dólares. Más de 2 000 empresas chinas están presentes en distintos países en sectores como la minería, recursos naturales, infraestructuras, construcción, agricultura, textiles y otros productos manufacturados.

La Ruta de la Seda marítima pretende la creación de grandes infraestructuras portuarias que, según un informe del Pentágono, no solo servirían a objetivos comerciales sino que su fin último sería apoyar la ambición china de convertirse en una potencia naval.

Uno de los grandes anclajes de la ruta terrestre de la política “Un cinturón, una ruta” es Pakistán. Está previsto que su territorio sirva para unir las rutas marítima y terrestre a través de una vía férrea que cruzará Pakistán desde el puerto de Gwadar, en el extremo suroccidental, al extremo nororiental, para enlazar con la red ferroviaria china.

China parece haber encontrado en la Ruta de Seda su piedra filosofal. Si en 2013 el presidente Xi Jinping sorprendió a propios y extraños con el proyecto de revitalizar la antigua ruta de las caravanas de camellos, cuatro años después no solo planea unir China y Europa por una amplia red de trenes, automóviles y barcos -en la que se integren Asia Central, Oriente Próximo, el Sureste Asiático y África oriental-, sino también América Latina.

China ha pasado de tener un papel secundario a ser un actor fundamental para comprender las dinámicas económicas y comerciales de la región latinoamericana. En el 2010 las inversiones chinas en América Latina ascendían a US$ 31,720 millones de dólares. Al cierre del año 2016, las inversiones chinas ascendieron a US$ 113,662 millones de dólares. Lo que nos da un incremento de US$ 81,942 millones de dólares.

A finales del 2016, las inversiones chinas se concentraron en tres países: Brasil (US$ 54,849 millones de dólares), Perú (US$ 12,372 millones de dólares) y Argentina (US$ 10,587 millones de dólares). Estos tres países representan el 71 por ciento de las inversiones chinas en América Latina.

En América Latina, la propuesta China es de construir una línea de ferrocarril que una los océanos Atlántico y Pacífico a través de Brasil y Perú, lo que revela la intención china de convertirse en el primer socio comercial de Latinoamérica, así como su aspiración a potencia global. Los intercambios comerciales entre China y América Latina se han multiplicado por 22 en la última década, y las enormes inversiones de Pekín auguran que seguirán creciendo.
El tren previsto unirá el puerto brasileño de Açu (315 kilómetros al norte de Río de Janeiro, que está en plena fase de expansión para convertirse en el tercero más grande del mundo y primero de América Latina) con el puerto peruano de Ilo (a 1,200 kilómetro al sur de Lima).
Esta Ruta de la Seda transoceánica acortará sensiblemente el tiempo de los intercambios comerciales. Ahora los productos suramericanos tienen que viajar hasta el Canal de Panamá y desde allí aún les falta navegar unos 30 días hasta alcanzar el puerto de Tianjin (al sur de Pekín).

El impulso a las relaciones económicas China-América Latina fue tan brutal que se convirtió en el segundo socio comercial, con US$ 263.600 millones de dólares en 2014. Esto significa que ha desplazado a la Unión Europea y solo está por detrás de Estados Unidos.

Entre 2005 y 2013 China ha otorgado US$ 102.000 millones de dólares en préstamos a la región latinoamericana, Pekín ha encontrado en América Latina el marco adecuado para su diplomacia de seducción: 600 millones de habitantes y una potente clase media que representan un importante mercado tanto para sus productos de bajo precio como para su industria tecnológica. El proyecto emprendido por Xi Jinping para revitalizar la antigua Ruta de la Seda ha encendido todas las alarmas en Washington.

La nueva Ruta de la Seda juega, también, un papel fundamental en el matrimonio de conveniencia de China y Rusia. “Si China consigue conectar su pujante industria con el corazón terrestre de Eurasia, de vastos recursos naturales, entonces es posible que, como predijo en 1904 [el geógrafo británico] Halford Mackinder, ’un imperio de alcance mundial esté a la vista’”, alerta el historiador de la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos) Alfred McCoy.

“La mejor victoria es vencer sin combatir y esa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”, señala Sun Zi en su libro El arte de Guerra, cuya filosofía gobierna las relaciones exteriores de China.


Oscar René Vargas, economista nicaragüense, autor de numerosos estudios sobre la realidad política y económica de América Central. 

Fuente:  A l'encontre



La Gran Conexión y la Ruta de la Seda (I) | La Estrella de Panamá, Marco A. Gandásegui, Hijo, noviembre 23 de 2017


Vamos a presentar cada uno de los acuerdos para su mejor comprensión. Lo haremos en dos entregas.




En Panamá no hay partidos políticos. Tampoco hay organizaciones que invitan al debate permanente y sistemático sobre el acontecer nacional. El presidente Juan C. Varela realizó un viaje a China Popular donde comprometió al país (y a toda su población) a desarrollar 19 acuerdos financieros con su contraparte asiática. Los medios de comunicación, en vez de analizar uno por uno los acuerdos, destacaron el hecho de que entre los miembros de la delegación presidencial se encontraba el dirigente obrero Genaro López (secretario general del FAD). También enfatizaron la selección que hizo el presidente Varela de los más conspicuos miembros de la elite económica y social del país para acompañarlo.
Vamos a presentar cada uno de los acuerdos para su mejor comprensión. Lo haremos en dos entregas. Esta es la primera, la próxima semana continuaremos con la segunda. En esta entrega analizaremos los diez primeros acuerdos publicados. Estos acuerdos se concentran en las actividades que realizarán los inversionistas chinos en Panamá para preparar su expansión por la región. Construirán toda la infraestructura necesaria e invertirán enormes cantidades de capital para promover su penetración en las economías de la región.
Los chinos tienen muy claros sus objetivos que sintetizan en la Ruta de la Seda. Panamá será su instrumento clave en el desarrollo de esta estrategia. China no está apostando solo a extraer metales preciosos y alimentos del suelo de Nuestra América. Viene con mucha energía para conquistar el mercado de la alta tecnología.
Los acuerdos reflejan el plan concebido en Pekín. Parecen haber sido redactados en chino y después traducidos al español. Además, los acuerdos solo se refieren a lo que China hará en Panamá. Todo indica que Panamá jugará un papel pasivo, que en la historia del país ha terminado en tragedias y catástrofes.
Analicemos cada uno de los acuerdos. Lo podemos hacer partiendo de un criterio de ‘importancia' o seguir un orden cuantitativo del tamaño de las inversiones. Optamos por seguir el mismo orden en que los acuerdos fueron publicados. El primero se refiere a un ‘entendimiento' para la ‘promoción del comercio e inversiones'. Pretende atraer las inversiones chinas hacia Panamá. Servirá de marco para canalizar las inversiones de capital chino hacia los sectores más estratégicos para la expansión china en América Latina.
El segundo acuerdo es entre el Banco de Desarrollo de China y el Ministerio de Economía Finanzas (MEF) que pretende agilizar las actividades financieras chinas en el país y en la región. El acuerdo menciona inversiones en infraestructura, desde puentes y puertos hasta centrales eléctricas. El tercer acuerdo, es entre el MEF y el Banco Chino de Importaciones y Exportaciones (EximBank). Según la redacción del acuerdo, el banco chino traería a Panamá una cartera con el equivalente de 200 mil millones de dólares. Hay que preguntarse si el monto es para proyectos en Panamá o para toda la región. Con ese capital se podrían ampliar aproximadamente unos 40 canales de Panamá. El cuarto acuerdo es un tratado de libre comercio. Mientras que los primeros tres acuerdos pueden tener alguna promesa, este sobre ‘libre comercio' es un mero saludo a la bandera para satisfacer los anhelos de algunos comerciantes deseosos de acumular más dinero sin crear empleos o puestos de trabajo.
El quinto acuerdo se refiere a la ‘cooperación en capacidad productiva e inversión'. En este renglón se destaca la construcción y la operación de infraestructura. La iniciativa contaría con una inversión inicial de 10 mil millones de dólares. El sexto acuerdo se refiere a medidas fitosanitarias para proteger a China de las exportaciones panameñas. El séptimo acuerdo se refiere a préstamos del EximBank a Etesa para el desarrollo de proyectos en el sector eléctrico de Panamá. Todos los fondos que recibe Etesa serían para ‘la compra directa o indirecta de productos y servicios chinos'.
El octavo acuerdo entre Panamá y China también se refiere al sector eléctrico y Etesa. Esta última empresa estatal panameña recibiría créditos del Banco de China. El noveno acuerdo es para aumentar la productividad en el sector agropecuario panameño pensando en las exportaciones a China. El acuerdo parece enfatizar el desarrollo de proyectos conjuntos, tanto de producción como de investigación. El décimo acuerdo no es muy claro al solo mencionar que una Comisión Mixta se creará para ‘examinará el alcance de los proyectos'.
En la próxima entrega se analizarán los acuerdos restantes, incluyendo el muy mencionado ‘tren bala'.

EL AUTOR ES PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.

La Gran Conexión y la Ruta de la Seda (II) | La Estrella de Panamá, Marco A. Gandásegui, Hijo, noviembre 30 de 2017


Los panameños tenemos que aprovecharla en el marco de un plan nacional de desarrollo


Una lectura cuidadosa de los acuerdos entre los Gobiernos de Panamá y China Popular suscritos en Pekín durante el viaje del presidente Juan Carlos Varela a ese país destaca con detalle los objetivos que persigue ese país en Panamá y en el resto de la región. Al mismo tiempo, deja en claro que los gobernantes y dirigentes empresariales panameños no tienen una visión de futuro (o de país). Los chinos han presentado un plan para los próximos 50 años con inversiones de 500 mil millones de dólares en los primeros 20 años. En cambio, los dirigentes que controlan el poder en Panamá no tienen una propuesta, no han elaborado plan alguno y están esperando que los ‘chinos lleguen'.
El juego es muy peligroso para ambos lados. China puede encontrarse con una resistencia popular a corto plazo, si no toma en cuenta los intereses de los sectores populares. Sus proyectos solo contemplan la acumulación económica para ese país y algunas ganancias marginales para una oligarquía parásita. Los acuerdos pueden beneficiar a los panameños si se planifican de manera que incorporen al país en un proyecto de desarrollo nacional.
La semana pasada revisamos los primeros 10 acuerdos entre los dos Gobiernos. A continuación veremos los 9 restantes.
El acuerdo número 11 se refiere al impulso que los chinos quieren darle a las zonas francas panameñas. En el caso de la Zona Libre de Colón se menciona una inversión de 3 mil millones de dólares para nuevos almacenes y otros mil millones de dólares en estructuras hoteleras. Las inversiones y nuevos almacenes serían para alojar productos chinos con destino el resto de la región. El duodécimo acuerdo se refiere al turismo y su potencial como fuente de ingresos para los inversionistas. China le daría a Panamá el ‘status de destino turístico aprobado' para que viajen sus ciudadanos al istmo. El acuerdo enfatiza que los chinos ‘aprecian mucho el turismo de casinos'. Poco faltó que el texto incluyera otras formas de turismo prohibidas en la mayoría de los países del mundo y toleradas en Panamá.
El acuerdo número 13 se refiere a la aviación. Según el texto, China construirá un terminal nuevo de carga en la ciudad de Panamá a un costo de 10 mil millones de dólares. Todo indica que los chinos pretenden complementar el Canal interoceánico de Panamá con un ‘canal' aéreo que conectaría a América Latina con China. Si agregamos el proyecto ferroviario, Panamá se convertiría en el ‘hub' marítimo, aéreo y terrestre del continente. El acuerdo número 14 se refiere a la cooperación marítima. La bandera panameña que es vendida a las grandes empresas navieras recibiría un trato internacional en puertos chinos. Este negocio es muy apetecido por firmas importantes en Panamá. Se agrega el trato igual a las tripulaciones de los barcos panameños. El acuerdo no menciona los derechos de los marineros a la organización sindical.
En el acuerdo número 15 Panamá se ‘adhiere' a la Ruta de la Seda. Según el documento, la Ruta ‘está alineada con el papel que juega el país ante la región y el mundo como la Gran Conexión que será potenciado con la inclusión de la vía interoceánica'. El 16º acuerdo hace referencia al muy mencionado ‘tren bala' que uniría a la ciudad de Panamá con la frontera de Costa Rica. El acuerdo dice que China ‘pagaría el sistema de transporte de última generación' cuyo costo sería de 2 mil millones de dólares (menos del costo de la Línea 2 del Metro en la ciudad de Panamá). El acuerdo número 17 hace referencia a las propiedades de las embajadas de ambos países. China le entregó a Panamá una propiedad en Pekín de siete pisos, valorada en 150 millones dólares. El acuerdo 18 apunta a la organización de un seminario para periodistas. El último acuerdo se refiere a un convenio de cooperación no reembolsable enmarcados en un Plan Nacional de Cooperación.
La Gran Conexión es la clave para entender los objetivos de China en Panamá. La Ruta de la Seda llegaría a toda la región latinoamericana pasando por el Istmo de Panamá, que es la Gran Conexión. Los panameños tenemos que decidir ahora si queremos seguir siendo un ‘paso' o si estamos dispuestos a convertirnos en un país con una población productiva. Los chinos ofrecen esa oportunidad. Los panameños tenemos que aprovecharla en el marco de un plan nacional de desarrollo.

EL AUTOR ES PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.

Lista la ampliación del Canal de Panamá | Semana, Panamá, 6/4/2016

Con retraso de año y medio, las obras de ampliación del canal de Panamá están listas. En tres semanas cruzará el primer buque en la que será la nueva era de este importante paso marítimo.

A partir del 26 de junio por las nuevas esclusas pasarán los gigantescos buques Post Panamax, que movilizan más de 10.000 contenedores. Foto: Cortesía Autoridad Canal de Panamá
Los recientes acontecimientos relacionados con el escándalo de los Papeles de Panamá pasaron a un segundo plano con la buena noticia de la inauguración de las nuevas esclusas del canal. Después de siete años, la semana pasada, el consorcio Grupo Unidos por el Canal (GUPC) entregó las obras de ampliación al gobierno del presidente Juan Carlos Varela.
El próximo 26 de junio, el buque portacontenedores Andrónikos, de la compañía china Cosco, será el primero en transitar por las nuevas esclusas del canal panameño. Ese día, en presencia de 70 mandatarios y de representantes de las principales navieras del planeta, culminará un largo trayecto emprendido en 2007, cuando las obras de ampliación recibieron la vía libre. Teniendo en cuenta la magnitud del proyecto, su complejidad técnica y las millonarias inversiones requeridas, un referendo popular aprobó su construcción que avaló el 78 por ciento de los electores.
Desde agosto de 1914, cuando se convirtió en el mayor hito de la ingeniería mundial, era la primera vez que se emprendía otra obra de magnitud similar. El objetivo principal en esta segunda etapa era modernizar la infraestructura, que se estaba quedando rezagada frente al mayor tráfico marítimo.
Las obras incluyeron un tercer juego de esclusas para permitir el paso de los barcos Post Panamax y Super Post Panamax, con capacidad de cargue de hasta 14.000 contenedores (teus). Es decir, casi tres veces la carga de los buques que utilizan las actuales esclusas, de 4.500 contenedores. Adicionalmente, se construyó un nuevo canal de acceso al Pacífico y se elevó el nivel máximo de operación del Gatún, uno de los lagos artificiales más grandes del planeta. Para tal efecto fue necesario usar más de 220.000 toneladas de acero (equivalentes a 22 torres Eiffel).
El valor total de la inversión ascendió a 5.581 millones de dólares. Y aunque su inauguración será fastuosa, este megaproyecto no estuvo exento de problemas para culminar. Se tenía previsto terminar en octubre de 2014, pero sucedió casi 18 meses después debido a varias huelgas. A ello se sumaron los conflictos de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), por los sobrecostos de la obra, con el consorcio GUPC, liderado por la firma española Sacyr e integrado además por la italiana Impregilo, la belga Jan de Nul y la panameña Constructora Urbana. Actualmente están en reclamación 2.845 millones de dólares.
Adicionalmente, surgieron polémicas por el impacto medioambiental ya que para su construcción hubo que talar más de 400 hectáreas de bosque. Sin embargo, la ACP dice que han sembrado muchos más árboles.
También se ha dado un gran debate por la dura competencia que le espera al canal ampliado. No solo la construcción, aún remota, del canal de Nicaragua, sino la apertura (por el calentamiento global) de la ruta marítima del norte, en el Ártico, a lo largo de las costas del norte de Canadá y de Rusia, que se podría convertir en uno de los corredores comerciales más importantes del mundo.
En todo caso Panamá se alista a inaugurar su obra maestra, con la que espera tomar una tajada más del comercio internacional. Por el canal se mueve cerca del 5 por ciento de la carga mundial, y sus principales usuarios son Estados Unidos y China.
La ampliación permitirá mayor competencia en las tarifas de las compañías navieras (se estima una reducción del 20 por ciento) que en los últimos años se han dotado de los gigantescos buques Post Panamax para ahorrar costos y tiempos de movilización. Además, abrirá oportunidades de movilización de cruceros más grandes y facilitará el transporte de gas a Estados Unidos y los países asiáticos.
“La ampliación del canal es trascendental para el comercio de América Latina porque se abren grandes oportunidades para exportar carbón térmico y crudos refinados hacia Estados Unidos y Asia”, dice Óscar Bazán, un directivo de la Autoridad del Canal, que señala que Colombia será uno de los países más beneficiados, por su ubicación geográfica. En esto coincide la Federación Colombiana de Agentes Logísticos (Fitac) que señala que en los últimos años los puertos colombianos han elevado sus estándares a niveles internacionales.
Desde el momento en que comenzaron las obras se inició una revolución en los principales puertos de América Latina para recibir los buques Post Panamax. Colombia, por ejemplo, ha realizado millonarias inversiones en Cartagena, Barranquilla y Buenaventura.
En el caso de la primera, se han invertido alrededor de 1.000 millones de dólares en ampliar y modernizar la Sociedad Portuaria y Contecar. El año pasado llegaron cinco grúas pórtico Post Panamax, de 25 pisos de altura, y están en construcción otras seis que llegarán el año entrante. Adicionalmente se hicieron obras para profundizar el canal de acceso a la bahía para permitir el paso de estos gigantescos barcos. El objetivo es que, aprovechando la ampliación del canal, este puerto del Caribe se consolide como uno de los grandes hubs marítimos de la región. Hoy está en capacidad de manejar 3 millones de contenedores y a finales del año entrante, 5,5 millones.
Decenas de gigantes portacontenedores ya pidieron permiso para ser los primeros en pasar por el nuevo canal en las próximas semanas. Pronto se sabrá qué tanto impacto en el comercio mundial tendrá esta obra que se convirtió desde ya en un hito de la ingeniería mundial.